Angustia a bordo. Aprende a gestionar una crisis en el mar.

La angustia es un estado de intranquilidad o inquietud muy intensas causado especialmente por algo desagradable o por la amenaza de una desgracia o un peligro. Navegar durante un temporal, una vía de agua en alta mar, un incendio a bordo, son motivos suficientes para que un miembro de nuestra tripulación pueda padecer una crisis de angustia a bordo. Es importante como patrón saber actuar ante estos síntomas para poder revertirlos y devolver al angustiado a una situación de normalidad y tranquilidad.

La crisis de angustia aparece de manera brusca y generalmente por la noche. El sujeto está al principio un poco nervioso y media hora o una hora después ya se encuentra francamente mal, quejándose de:

  1. Sentimientos de inseguridad y sensación de que le acecha un peligro inminente, como la muerte, una enfermedad incurable o la locura.
  2. Miedo, irritabilidad, inquietud e insomnio.
  3. Sensación de que el corazón le late muy deprisa (como palpitaciones).
  4. Dificultad para respirar y sensación de ahogo. El enfermo nos cuenta que se nota muy débil y le duele el pecho cuando respira.
  5. Mareos y vértigos, incluso puede desmayarse o andar como «sonámbulo». Si observamos con detenimiento, podemos encontrar alguno o varios de los signos siguientes:
  6. Pupilas dilatadas.
  7. Piel pálida y sudorosa, con escalofríos y «piel de gallina».
  8. Temblores.
  9. Puede llegar a estar tan agitado que manifieste ideas y sentimientos suicidas, o que pierda la noción de la realidad.
  10. La respiración y el pulso son rápidos y de baja intensidad.

Las crisis de angustia se dan en personas que son de naturaleza ansiosa, es decir, personas que se preocupan por todo, muy responsables en su trabajo o con su familia, y que a menudo se ponen muy nerviosos ante situaciones concretas, como por ejemplo los espacios cerrados, las multitudes, la responsabilidad que supone un cambio de trabajo… También es frecuente que sean personas con obsesiones y manías como lavarse las manos constantemente, contar objetos, dudar de si se ha realizado o no determinada acción y volver para comprobarlo una y otra vez (por ejemplo, el cierre de un grifo).

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Normas de actuación ante un paciente con ataque de angustia:

La asistencia debe asumirla alguien cuya presencia resulte tranquilizadora y fiable para el enfermo, generalmente el mando del buque, quien le atenderá hasta que se realice la consulta médica por radio, que en esta circunstancia debe hacerse cuanto antes, porque el enfermo necesita que el médico conozca su estado y lo tranquilice sobre lo transitorio y reversible de su crisis.

El objetivo en el trato con alguien que sufre una crisis de angustia es darle seguridad de que no le pasará nada grave.

Los ataques de angustia suelen ser limitados en el tiempo, es decir, que cesan solos una hora después de su aparición, pero el enfermo los vive con tal intensidad que es necesario intervenir. No conviene decirle que no le pasa nada, tanto porque no es cierto como porque esto equivaldría a no tomárselo en serio, lo que aumentaría su ansiedad. Debemos intentar que el enfermo se relaje diciéndole que respire profunda y lentamente. También se puede intentar la relajación mediante una ducha de agua caliente.

Si el sujeto respira de forma agitada, esto es, con respiraciones muy rápidas y poco profundas («como si estuviera cansado»), puede colocarse una bolsa de plástico o papel sobre la nariz y la boca como si fuese una mascarilla, animándole a que respire lentamente dentro de la bolsa.

Después se administrará el tratamiento que se indique en el consejo radio-médico por radio.

 

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