Búsqueda con exploración visual

Al iniciarse una operación de búsqueda con exploración visual deberán previamente considerarse una serie de factores que pueden estar presentes en el supuesto concreto y que pueden condicionar en gran manera el éxito de la búsqueda, por lo que es importante ponderarlos, estableciéndose las prioridades que las circunstancias exijan sobre otras y respetar unos criterios de idoneidad y viabilidad en función de los medios disponibles y el tiempo necesario para ello sin que la consideración de costes y esfuerzos estimados pudiera influir negativamente cuando la vida de los supervivientes puede todavía ponerse a salvo por medio de dichas operaciones.

Entre los factores antes mencionados que han de tenerse en cuenta tenemos:

  • La visibilidad de búsqueda: la distancia a que puede verse un objeto desde la unidad de búsqueda, a la altura de la vista del vigía con respecto a la superficie. Esta visibilidad condiciona la separación de las trayectorias de barrido de la zona de búsqueda. Sin embargo, cualquier separación entre trayectorias que se fije para una visibilidad de búsqueda determinada deberá también contemplar las necesidades reales del avistamiento en función de las dimensiones reales del objeto y de las distancias eficaces de los equipos emisores de señales que puedan efectuar los supervivientes, tanto desde el agua como desde las embarcaciones de supervivencia. La altura del observador tiene gran importancia.
  • Tipo de Blanco: El tamaño, color y forma del objeto buscado puede ocultar o disminuir considerablemente la posibilidad de detección. Así, las formas mangudas (botes salvavidas) o circulares (balsas) y con mayor puntal o altura son más fácilmente detectables que las formas finas y planas. Lo mismo ocurre con los contrastes en color que pueden resultar al ser proyectados sobre otros fondos parecidos en que pueden quedar prácticamente enmascarados. En cuanto al tamaño del blanco a localizar lógicamente el problema se agudiza a medida que éste es más pequeño. Así, en el caso de búsqueda de hombre al agua se realiza básicamente por detección visual, bien sea directamente o a través de equipos potenciadores (prismáticos).   En el primer caso la capacidad del ojo humano le permite descubrir la cabeza humana y la parte del cuerpo que sobresale del agua a unos 345 metros de distancia. Con la dificultad que añaden las olas, de modo que el náufrago sólo podrá ser avistado durante el tiempo en que permanezca en la cresta de la ola y parte de la pendiente visible desde el observador.

En el segundo caso, con la utilización de prismáticos estándar de 7×50 de visión nocturna el alcance se extiende a una distancia de 2.400 metros. Tanto en la observación directa como a través de prismáticos, el tiempo real en que el objeto será visible se reducirá a las zonas B de las pendientes y a las crestas.

El tratamiento de las señales pirotécnicas se hará en función de los tiempos mínimos que deben permanecer activas y encendidas, establecidas en 40 segundos para los cohetes lanza bengalas con paracaídas, un minuto para las bengalas de mano y tres minutos para las señales fumígenas flotantes, tiempos muy superiores a los considerados para la detección de hombre al agua, pero no por ello excesivos en función de la distancia de observación o de la hora respecto a la claridad de coincidir con los crepúsculos o incluso con la propia maniobrabilidad del buque auxiliador respeto a las maniobras que corresponde efectuar en tales casos, muy superiores a los citados para las señales pirotécnicas.

  • Visibilidad meteorológica: Es otro factor condicionante de la separación entre trayectorias, por cuanto pueden llegar a interrumpirla o impedir el comienzo de las operaciones de búsqueda, de no contar todos los buques con las ayudas necesarias para garantizar su propia seguridad en la navegación y un mínimo de posibilidades para la detección, único objetivo de la búsqueda, sobre todo cuando la exploración se realiza por más de una unidad.

El fenómeno atmosférico provoca una reducción considerable de la separación entre trayectorias y por lo tanto entre buques, con el consiguiente riesgo de abordaje entre ellos, pérdida de cobertura total a menos que en la operación se disponga de mayor número de unidades, y mayor tiempo para realizarla con el riesgo que esa acción representa, no sólo por la ampliación de las trayectorias por menor separación, sino también por la menor velocidad a que los buques deban navegar en cumplimiento del Reglamento Internacional para prevenir los abordajes en la mar.

El fenómeno atmosférico influirá también en la elección de los buques que deban intervenir en las operaciones, limitándose a la selección de aquellos que dispongan de radar y medios de situación que aseguren el tipo de navegación que se va a realizar, empleándose el resto en otros menesteres de apoyo o en reserva para cuando el tiempo aclare suficientemente y haga segura su utilización.

  • Estado de la Mar: Influye notablemente en la detección de los objetos, sobre todo cuando van acompañadas de rompientes, cuyos efectos como la espuma, los rojones, las manchas de hidrocarburos, zonas de algas, zonas de bajos fondos, y, los reflejos del sol, tienden a obscurecer el blanco, a reducir la probabilidad de detección o a crear confusiones.
  • Altitud de las aeronaves: (si las hay en la operación): La altitud de vuelo debe ser la menor posible en función de las circunstancias del momento, considerándose razonables alturas de 450 metros durante exploraciones de día y de 600 de realizarse de noche, aunque todas ellas dependerán del objetivo a detectar.
  • Periodo del día: Dependerá si los supervivientes disponen de ayudas o no para efectuar señales luminosas. En este caso las horas nocturnas son las más adecuadas para la exploración si los buques auxiliadores disponen de proyectores, equipos de visión nocturna por rayos infrarrojos, o gafas pasivas, etc. En otro caso, si se realiza de día, serán las mejores horas (no esperándose señales pirotécnicas) las centrales del día cuando el sol está relativamente elevado y sus rayos no inciden directamente sobre la vista de los vigías.
  • Posición del sol: Enlazado con el anterior, será de gran importancia la situación relativa del sol respecto al buque auxiliador y la posición de los supervivientes. Los objetos serán más visibles y a mayores distancias cuando se miren teniendo el sol a la espalda adquiriendo una tonalidad más oscura con mejor contraste con los colores de fondo, mientras que de hacerse de cara a él, el deslumbramiento y el efecto de bruma que se origina, así como los efectos inversos a los citados con el sol de espalda se hacen más evidentes y dificultan una adecuada observación.
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