¿Cuando se debe abandonar el barco?

No se debe abandonar el barco, salvo en situaciones extremadamente adversas. En la mayoría de los casos es más seguro permanecer en un barco semihundido que en una balsa salvavidas. Una embarcación en mal estado pero a flote, nos ofrecerá más seguridad pues tendremos ocasión de utilizar todo su equipo y pertrechos, aunque estuvieran en mal estado. Tendremos agua potable, víveres y podremos estar a cubierto, a resguardo del frío. Si el siniestro fuese un incendio incontrolable o riesgo de explosión es preferible largar un cabo lo más largo posible y alejarse en la balsa a la espera de acontecimientos. De esta manera quizás sea posible regresar a un casco quemado pero a flote. El barco no debería abandonarse hasta estar seguro de que se hunde irremediablemente.

Cuando la situación se hace insostenible a bordo es cuando habrá que abandonar el barco, pero antes de tomar esta decisión, que en todo caso corresponde al patrón, hemos de considerar como se ha dicho si no estaremos más seguros permaneciendo a bordo donde seremos más fácilmente vistos para ser rescatados. Barcos abandonados precipitadamente, luego fueron encontrados en perfecto estado, y una embarcación volcada puede ser la mejor balsa salvavidas permaneciendo sujetos a ella o arriba del casco a la espera del rescate.

Hay demasiados casos de personas rescatadas de su balsa salvavidas en los que posteriormente se encontró su barco vacío en perfectas condiciones de flotabilidad. Uno de los más conocidos sucedió en la regata Fasnet de 1979, en la que de los 21 barcos abandonados, se recuperaron 16 flotando, produciéndose un total de 8 desaparecidos durante esos abandonos. Un barco siempre será mucho más seguro, cómodo y protegido que una balsa salvavidas por lo que no debe abandonarse hasta que no exista ninguna posibilidad de permanecer a bordo.

Recordemos que los manuales recomiendan únicamente abandonar el barco, cuando en la bañera, el agua nos cubra la rodilla en forma permanente.

Un famoso abandono tuvo lugar en la Volvo Ocean Race del año 2006. El Movistar con tripulación profesional a bordo, había sufrido una rotura en la unión de la quilla con el casco. El agua inundaba el barco y las bombas automáticas se activaron para el achique. Así aguantaron varias horas, pero una tormenta con vientos de 50 nudos (casi 100 kilómetros) y olas de 11 metros amenazaban al Movistar. El barco no lo hubiera soportado con la quilla averiada. “La decisión más dura que he tomado nunca ha sido ordenar que abandonáramos el barco. Diez vidas a salvo: decisión correcta”, explicó el patrón del Movistar.

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