Dormir a bordo. Una necesidad placentera o una pesadilla.

Dormir a bordo puede pasar de ser una necesidad placentera a convertirse en una verdadera pesadilla. Sobre todo para los que no estén habituados a navegaciones largas.

Es fundamental que toda la tripulación esté lo más descansada posible para afrontar los diferentes retos e imprevistos que nos puedan surgir en el trascurso de una navegación. Si el patrón lleva varios días sin dormir un mínimo, no estará al cien por cien para tomar decisiones o afrontar maniobras, necesarias ante cualquier inclemencia meteorológica o peligros en la navegación.

El cuerpo puede tardar entre uno y dos días en adquirir nuevos hábitos de sueño. El balanceo del barco, el ruido del viento y las olas, inclusive el calor en verano en espacios confinados alteran nuestros hábitos de sueño. Por lo que el ambiente debe ser tranquilo. Se trata de adquirir buenas costumbres ya que convivimos con más personas y la convivencia es fundamental para que la travesía sea amena, evitando roces y discusiones. Para ello evitaremos bajar frecuentemente a la cabina con la excusa de haber olvidado algo. También hablar en voz alta, escuchar música o realizar alguna maniobra innecesaria. La radio VHF no se debe apagar. Muchos equipos están en la mesa de cartas y los avisos de las estaciones costeras pueden despertarnos por lo que bajaremos el volumen lo suficiente para evitar sobresaltos sin que ello no nos permita enterarnos de los mensajes. Si tenemos doble equipo de radio, dejaremos encendido el que esté en la bañera y apagaremos el que se ubique dentro. El ruido del motor, sobre todo en embarcaciones antiguas también puede dificultarnos la conciliación con el sueño. En ese caso es aconsejable usar tapones o cascos para los oídos, o cambiar nuestro camarote por otro más a proa, que nos aísle un poco más del ruido.

Protegernos del frío es muy importante, el uso de ropa térmica y un saco de dormir nos ayudará a conciliarnos con el sueño mucho antes y evitar enfriamientos que nos puedan despertar además de coger un resfriado.

Al cambio de guardia realizaremos las maniobras o preparativos ya que todos estarán despiertos y podremos aprovechar más manos disponibles.

Cuando hayamos conseguido un relativo silencio y nos preparemos para dormir, habrá que instalarse correctamente. En caso de mal tiempo o durante la navegación aquellas camas o literas que no tengan banda de escora o en el camarote de proa si el barco cabecea, conciliarse con el sueño puede ser una tarea casi imposible. En estos casos se buscarán las literas o camas más idóneas para descansar y haremos uso del llamado principio de “cama caliente” si tenemos que compartirla. En el mercado existen lonas anticaídas que se pueden acoplar en las literas y nos ayudan a sujetarnos durante el balanceo, evitando caer al suelo. Si vamos a compartir litera debemos dejarla limpia y ordenada.

Para intentar descansar lo máximo posible es muy importante organizar bien las guardias. Si las condiciones no lo exigen y tenemos suficientes relevos, los turnos debería de ser de entre tres y cuatro horas. Tiempo suficiente para completar diferentes fases de sueño, lo que favorecerá a la recuperación física. Intentaremos no interrumpir el sueño bruscamente, ya que sus efectos pueden causar dolores de cabeza, mareos y lentitud de reacción o aturdimiento, además de más ganas de dormir.

Dormir a bordo. Una necesidad placentera o una pesadilla.
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