El farero en peligro de extinción

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Actualmente en España solo 187 faros están activos, de los cuales únicamente 30 son habitados por fareros. El oficio de farero, en continuo cambio, está en peligro de extinción desde 1993, cuando se dio a escoger a estos trabajadores entre ser funcionarios o pasar a ser técnicos de señales marítimas. Desde esta fecha el cuerpo de alfareros fue traspasado a las autoridades portuarias y desde entonces ya no hay oposiciones ni previsión de que las vaya a ver, ya que cuando los fareros se jubilan no son sustituidos sino que es la tecnología la que pasa a hacer parte de su trabajo. A esto se suma la generalizada tendencia de contratación de empresas auxiliares para que sean estas las que recorran los faros cuando ya no haya trabajadores en ellos.

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La principal función de los ahora técnicos de sistemas de ayuda a la navegación o mecánicos de señales marítimas, es la de velar por el correcto funcionamiento y mantenimiento del faro asignado. Por tanto, el tópico de la soledad y la poesía asociado a los faros queda relegado a las fábulas, ya que ahora los fareros tienen turnos, horarios, trabajan en instalaciones modernas y se rodean de tecnologías y controles remotos. Esto no significa que, aunque ya no estén atados a los faros, no deban de seguir haciendo continuas inspecciones, visitando faros y revisando centenares de señales marítimas. A esto se suma el deber de inspeccionar los puertos que no pertenecen a la Autoridad Portuaria para comprobar que las señales funcionan correctamente.

Sin embargo, a pesar de los avances tecnológicos, el oficio de farero se resiste a desaparecer. Aunque la monitorización señala los fallos al puerto y comunica toda la información de manera inmediata, estas no dejan de ser maquinas que no pueden reparar por si solas los fallos detectados. Por este motivo, es imprescindible que una persona llegue hasta ellas para solventar los problemas, de tal forma que todas las embarcaciones puedan llegar seguras a puerto. Por tanto, los modernos sistemas de localización vía satélite, los GPS y los radares no son suficientes para acabar del todo con esta centenaria profesión.

Por tanto, el trabajo de estos profesionales consiste en hacer labores de control y manutención para velar por el correcto funcionamiento del faro correspondiente. Además, deben hacer uso del lenguaje de señales marítimas para advertir a las embarcaciones sobre los posibles peligros. Por tanto, este oficio que normalmente se heredaba de padres a hijos, a día de hoy puede ser ejercido por cualquiera que supere unas oposiciones. Sin embargo, las plazas en España son limitadas y son ocupadas prácticamente durante toda la vida. Por este motivo, desde 1993 no se abren más convocatorias en nuestro país y el temario de las mismas ya no está disponible. Por tanto, a pesar de que la crisis ha ralentizado la monitorización de esta profesión, la posibilidad de futuras oposiciones parece casi imposible.

A día de hoy, la mayoría de los fareros proceden de un oficio con habilidad para el trabajo manual debido a la importancia que tiene entre sus labores el mantenimiento del faro. Por eso los fareros normalmente son cerrajeros, electricistas o mecánicos, que han decidido emprender la vida marítima para lo que han adquirido conocimientos sobre lenguaje de señas marítimas para poder comunicarse con las embarcaciones en caso de necesidad.

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