Mi primera navegación nocturna: Aprendiendo a navegar de noche

Aunque no se tenga la intención de navegar de noche, una avería o el cambio de las condiciones meteorológicas pueden impedirnos llegar de día a puerto y obligarnos a navegar de noche por lo que deberíamos prepararnos para ello.

La navegación nocturna, como cualquier otra actividad, necesita aprendizaje y oficio para que sea segura: la identificación de las luces en la mar requiere cierta práctica y algo tan simple en apariencia, como es identificar la luz verde de entrada a un puerto, no es fácil para un navegante inexperto, y es que el color de las luces que debiera ser evidente, no lo es tanto: así por ejemplo, las luces blancas pueden parecer rojizas y es fácil confundir las luces que aparecen en el horizonte con aquellas que esperamos ver, como tampoco es fácil localizar una luz que debiera aparecer por nuestra proa; las olas pueden ocultar momentáneamente la luz de una boya.

Hay que aprender a identificar también las luces de los barcos que aparezcan en el horizonte para determinar, lo antes posible, si existe riesgo de colisión verificando si abren o cierran sus luces de tope para averiguar su rumbo y para conocer que clase de barco es y apartarnos de él o seguir a rumbo. Cuando esos barcos estén situados entre nosotros y una costa profusamente iluminada, las dificultades serán mayores ya que será más difícil ver sus luces de situación ya que estaremos deslumbrados por las luces de la costa.

De noche, nuestra visión pierde parte de su agudeza y para poder apreciar los colores necesitamos un período de adaptación a la oscuridad de algunos minutos. Si una luz blanca nos deslumbra, tendremos que volver a adaptarnos a la oscuridad pero esta, complicará cualquier maniobra que de día ejecutaríamos con facilidad; hay más peligro de colisión con objetos flotantes parcialmente sumergidos que no podremos ver y, si el tiempo es malo, tendremos dificultades para maniobrar a la mar ya que no veremos por donde vienen las olas.

No obstante, la navegación nocturna tiene también sus ventajas. La recalada en una costa baja puede ser más fácil de noche que día ayudándonos de la luz de un faro y cuando la visibilidad es buena, los faros proporcionan una indicación exacta e irrefutable.

Hay que acostumbrarse a reconocer e identificar todos los faros y farolas observando su apariencia: período, fase y color y, a partir de nuestra situación estimada; a buscar en la carta las luces más próximas para entrar con ellas en el libro de faros confrontando las apariencias y alcances de la luz que hemos avistado con las de las mismas características del libro de faros. En conclusión, habrá que aprender a manejar con soltura el libro de faros junto a la carta.

También es necesario aprender a gobernar tomando como referencia un astro en vez de gobernar con el compás que podría resultar fatigoso, así como a utilizar los prismáticos para compensar la pérdida de visión.

El dominio de todas esas técnicas y otras medidas de seguridad harán que nos sintamos seguros a bordo cuando se haga de noche.

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