Navegación con mal tiempo

Navegar con mal tiempo requiere cierta experiencia y un barco seguro que no necesariamente ha de ser un barco grande. De todas formas navegar con mal tiempo no tiene sentido en la navegación de recreo. El frío, la fatiga y el mareo, hará estragos en la tripulación. Si el mal tiempo es una dura prueba para los profesionales de la mar puede llegar a ser una circunstancia insuperable para los aficionados. Las embarcaciones pequeñas no deberían navegar con vientos de más de fuerza 4, ni alejarse de un refugio seguro.

De ahí la importancia de la previsión meteorológica a fin de evitar hacerse a la mar cuando se avecina mal tiempo. No obstante, en mares como el Mediterráneo que al ser relativamente pequeños son inestables en el aspecto meteorológico, puede desatarse un temporal en corto espacio de tiempo sin previsión alguna.

Por lo anterior, conviene estar preparados por si alguna vez nos sorprende un temporal. Esa preparación se concreta en un riguroso mantenimiento del barco para que no nos falle cuando las circunstancias son adversas:

Las escotillas, portillos, lumbreras, bocina, limera y grifos de fondo deben estar en buenas condiciones para evitar las vías de agua.

Si navegando nos sorprende el mal tiempo tendremos que decidir si continuar hacia nuestro destino, buscar un refugio, o si ninguna de las opciones anteriores fuese posible, aguantar en la mar hasta que mejoren las circunstancias.

En todo caso, tendremos que enfrentarnos con unas condiciones de mar adversas en las que el viento irá levantando oleaje cuya altura dependerá de la fuerza del viento, del tiempo que lleve soplando y del perfil del fondo y de la costa.

En una situación como esa, habrá que ajustar la velocidad y el rumbo para que la mar nos afecte en la menor medida posible.

Pero, en todo caso, la prudencia para evitar el mal tiempo, un riguroso mantenimiento del barco, de su motor, aparejo y equipos y el adiestramiento de la tripulación son los tres pilares en los que basar la seguridad en caso de mal tiempo.

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2 Comentarios

  1. Efectivamente, es una triste gracia que, cuando navegas por placer, te sorprenda un mar que haga comprometida la navegacion. El limite de la nautica de recreo deberia ser navegar con un “mar incomodo” pero pasar de ahi y encontrarte con un “mar comprometido”, como digo, tiene poca gracia.

    Y desgraciadamente tambien la Ley de Murphy se viene a cumplir en estas situaciones en las que te encuentras mas comprometido, pues las cosas y los equipos, no dejan de funcionar en dias apacibles y soleados anclados en una adorable cala, sino que vienen a fallar en los momentos donde mas se necesitan, debido quizas, al sobreesfuerzo que requiere una embarcacion enfrentada a las duras condiciones climatologicas que pudieran presentarse.

    Afortunadamente los tiempos donde el famoso lucutor del tiempo Mariano Medina hacia sus previsiones han pasado. Ahora exiten los satelites, los ordenadores, los fiables programas de modelos meteorologicos, etc, etc, que hacen que pocas cosas nos cojan de sorpresa en lo que al tiempo se refiere.

    No obstante, cabe la posibilidad de que, a pesar de todo, tengamos que enfrentarnos a las inclemencias del tiempo en el mar, que por cierto, poco tienen que ver con las de tierra y alli, en medio de todo el inmenso mar que te rodea lo primero que percibes es que, SOLO DEPENDES DE TI MISMO, DE TU TRIPULACION Y DE TU BARCO. No hay nadie que te ayude. Nadie que te eche una mano o nadie que te socorra. No es la carretera donde echas el alto a otro coche y te llevan al pueblo mas cercano cuando tu coche se averia. Alli te encuentras totalmente solo, dependiendo de tu pericia, de tu conocimiento y de tu barco, ese barco que cuando esta amarrado y cuando tienes que limpiarlo y baldearlo, te parece tan grande, de pronto se te antoja un simple cascaron en medio de un mar que parece estar pagando contigo su enfado con el hombre.

    Si. Realmente se pasa mal. Bastante mal. Muy mal. Tu mente empieza a visualizar uno a uno en tus seres mas queridos, a tu mujer, a tus hijos, sin pensar nada en concreto, pero ahi los tienes, porque realmente no sabes como acabará eso.

    Afortunadamente, casi siempre acaba bien. Poco a poco, se va haciendo realidad esa famosa cita de que “Despues de la tempestad, viene la calma” y cuando esta llega, la sensacion que experimentas es singnificativamente placentera.

    De todo ello, quizas el mejor consejo que podria dar seria ese que dice:

    “Cuando he sido previsor, el mar me lo ha recompensado y cuando no lo he sido, me ha castigado”.

    Sed previsores. Muy previsores y si no lo sois, limitaros a invitar a algunos amigos a vuestro barco, echar unos bocadillos y unas latas de cerveza, y fondear en la pequeña bahia que hay a estribor nada mas salir de la bocana de vuestro puerto. Os lo pasareis estupendo.

    Un saludo a todos.
    Aquilino Miralles

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